Me llamo Mercedes, tengo actualmente 20 años y quiero compartir mi historia sobre el acogimiento familiar con todos vosotros.
Nací en Granada, concretamente en un pequeño pueblo llamado Valderrubio. Vivía con mis padres y mi única hermana, que tiene 14 años más que yo.
Cuando tenía 4 años, llegaron a mi casa unas personas que yo no conocía y me llevaron, junto con mis primos, a un centro de acogida donde estuve un año. Era una niña feliz; me visitaba mi familia, creo recordar, una vez al mes.
Un día, uno de mis monitores favoritos me ofreció la oportunidad de irme con una familia de acogida. Siempre fui una persona optimista y decidida, y tal vez, por mis circunstancias, nunca me han dado miedo los nuevos retos, así que acepté.
Mi nueva familia era de Cádiz, formada por una pareja con sus dos hijos, un poco mayores que yo. Tengo que decir que la adaptación fue fácil, pues hicieron todo lo posible para que me sintiera bien en todo momento.
Mi infancia fue bonita, rodeada de mis padres, hermanos y muchos primos. Cada mes y medio, mis padres de acogida me llevaban a Granada para visitar a mi familia biológica.
Al cumplir los 18 años, tuve la opción de volver a casa de mi familia biológica y revivir mis orígenes. Sentía un doble sentimiento: por un lado, ganas de volver a ver la casa donde pasé mis primeros cuatro años, oler las calles de mi pueblo y reencontrarme con las personas que me vieron nacer; y por otro, miedo a lo desconocido y a salir de mi zona de confort.
Como os he dicho antes, siempre he sido decidida, y con el apoyo de mi familia me aventuré en este nuevo reto. Nunca olvidaré las primeras sensaciones: mi familia biológica estaba feliz de volver a tenerme, y los vecinos me contaban los motivos por los que me habían retirado.
Estuve allí 48 horas. Llamé a mi hermano de acogida y le pedí que viniera a recogerme, porque sentí que ese ya no era mi lugar. Tenía claro que quería, y quiero, que mi vida siga en Cádiz, acompañada de la que es mi familia, con mis amigas y mis costumbres.
He realizado el módulo de Administración de Empresas y actualmente estoy haciendo las prácticas. Además, por las tardes asisto a clases de informática e inglés, y lo compagino con mi gran pasión: el baile flamenco.
Quiero decir que quiero mucho a mi familia biológica. Son personas buenas, solo que en su momento no tenían la capacidad suficiente para atender a un niño como merece. Agradezco también a las instituciones que me hayan ofrecido una segunda oportunidad, porque gracias a esa decisión hoy puedo tener un futuro mejor. He tenido unos padres de acogida que me dieron la oportunidad de labrarme un porvenir con estudios y educación.
Hoy en día hablo casi todos los días con mi familia biológica y los visito una o dos veces al año durante las vacaciones, porque sé que les hace ilusión verme.
Espero que mi testimonio os sirva y anime a todas las personas a ser familia de acogida. En los centros de acogida se está bien, pero no es lo mismo que tener una familia propia.
Un abrazo, Mercedes



0 comentarios