900 354 428 acogimiento@fmyv.org

LA TRIBUNA DE LA EXPERIENCIA

May 30, 2025 | Boletín 13 – 30/05/2025 | 0 Comentarios

“Es nuestro hermano”: el amor que crece sin pedir permiso en las familias de acogida

Marta Perea, profesora, escritora y madre biológica y de acogida, comparte con Acogimiento.es el testimonio de una familia de acogida que ha aprendido que los lazos del corazón son tan fuertes como los de la sangre. Una historia de dudas, adaptación y, sobre todo, amor infinito que multiplica en lugar de dividir. 

 Cuando siete años después de llegar el pequeño de la familia a casa, les preguntamos a nuestros hijos biológicos qué sienten por él. Ellos nos miran y guardan silencio ante algo que resulta obvio y nos responden muy serios: “es nuestro hermano”. Y ante eso, un padre o una madre no puede sino derretirse de amor y pensar que algo ha hecho bien, al fin y al cabo.  

Después, les preguntamos si fue duro al principio y nos dijeron que hubo que adaptarse, igual que si hubiera sido un hermano de barriga. 

Nos asaltaron tantas preguntas durante el proceso de formación y espera y sentimos tanto miedo ante la incertidumbre de si lo que hacíamos era lo más adecuado para nuestra familia… Pero teníamos claro que queríamos ayudar a tantos niños como pudiéramos y por el tiempo que nos necesitasen (un mes, un año o siete, como llevamos) y cuando alguien nos preguntaba qué sentiríamos cuando se fuesen y si era justo para nuestros hijos biológicos no lo entendíamos. 

Desde el principio, nos preparamos para el retorno de nuestro hijo de acogida y lo hablábamos con nuestros hijos biológicos con sinceridad «somos su familia de acogida hasta que nos necesite». 

Y respecto a si a nuestros hijos biológicos les quitaba algo, estábamos seguros de que les sumaría más de lo que les restaría. Muchas veces hemos escuchado cosas como «no podréis atender a vuestros hijos como necesitan si acogéis en vuestra casa a un niño con tanta mochila y con tantas necesidades».

Lo primero que aprendieron nuestros hijos biológicos es que no todos los niños tienen algo tan esencial como una familia y que hay demasiados niños en centros, esperando poder crecer al calor de unos padres que los miren y unos hermanos con los que jugar.

Lo segundo que han aprendido es que el amor es infinito y que se multiplica cuando lo ofreces.

Lo tercero, y más importante, es que cuando amas no distingues entre lazos o no de sangre. Y lo cuarto es que compartir es vivir. Ellos compartieron a sus padres, su habitación, sus pertenencias… pero por encima de todo, ganaban un hermano. 

Los niños y niñas de acogida llenan de vida tu hogar

Nuestros hijos biológicos tenían nueve y diez años cuando aquel pequeño de dos años de cara inexpresiva y comportamiento desregulado llegó a nuestra casa. No se puede expresar con palabras cuánto amor derrocharon para que sonriera y confiara en ellos. Recordamos mirarlos con ternura y una admiración profunda por su generosidad, mientras intercambiaban risas, juegos infantiles y canturreaban canciones. No vamos a decir que el principio fue fácil, pero llegar hasta aquí y ver su progreso nos hace creer que el amor lo cura todo. Ser padres biológicos y de acogida nos ha hecho crecer como personas. ¡¡SOMOS FAMILIA!! Eso es una satisfacción inmensa e inimaginable. 

Ser padres biológicos y de acogida ha hecho crecer a Marta y a su pareja como personas. Esta doble experiencia les ha enseñado que la verdadera familia no siempre nace del mismo ADN, sino de la voluntad de estar, cuidar y amar. Acoger les ha hecho más humanos, más empáticos y más conscientes de la realidad que viven muchos menores en acogida: niños y niñas que esperan una familia que les mire con ternura y les ofrezca estabilidad.

Saben que el acogimiento familiar no es un camino fácil, pero sí profundamente transformador. No se consideran héroes, ni buscan reconocimiento; simplemente son una familia dispuesta a ofrecer una oportunidad. Porque el amor no entiende de etiquetas ni de biología. El amor, simplemente, llega… y se queda.

En su caso, ese amor llegó con dos años, en silencio, con una mirada que decía más que las palabras. Hoy, ese niño ríe, juega, sueña… y forma parte de una familia que no se mide por la sangre, sino por el vínculo que los une cada día. Y eso, para ellos, lo vale todo.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Iniciativa financiada a cargo de 0,7% del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad