Familia por elección: carta de una madre acogedora
Rocío Garrido es madre de acogida, aparejadora de profesión y una firme defensora del acogimiento familiar.
Durante ocho años, mi marido Ángel y yo hemos sido familia de acogida. Por nuestra casa han pasado once menores y actualmente convivimos con tres: dos en acogimiento permanente y uno en acogimiento temporal. Nuestra vida cambió el día que descubrimos que podíamos ofrecer un hogar a niños y niñas que lo necesitan. El acogimiento familiar es, sin duda, lo más valioso que hemos hecho.
La decisión no fue inmediata. La idea de acoger estuvo presente mucho tiempo, hasta que nos animamos a acudir a una entrevista informativa. Ahí descubrimos un universo desconocido: la realidad de miles de menores que necesitan una familia temporal. Lo que más nos impactó fue la invisibilidad de los grupos de hermanos y los niños con discapacidad dentro del sistema. Desde entonces, nos comprometimos especialmente con ellos.
Nuestra experiencia como familia de acogida ha sido tan enriquecedora como desafiante. Hemos aprendido a ser más pacientes, más conscientes y sobre todo, más fuertes. Acompañar a estos niños nos ha enseñado mucho sobre la resiliencia. Aunque el amor no lo cura todo, sí es la base sobre la que construimos cada vínculo.
Tenemos cinco hijos biológicos que ya no viven con nosotros. Fue en una búsqueda personal por hacer algo significativo cuando encontramos el acogimiento familiar. El punto de inflexión fue enterarnos de que una persona cercana había dejado a su hijo en tutela. Buscando información en internet dimos con la figura del acogimiento, y supimos que era lo que queríamos hacer.
Cada niño que ha pasado por nuestra casa ha dejado huella. Nos hemos formado durante el proceso, conscientes de que no basta con tener buena voluntad. Como siempre digo: el amor no es suficiente. Se necesita un plus. Las familias acogedoras debemos ser como el bambú: fuertes, flexibles, resistentes, capaces de no rompernos ante las adversidades que estos niños arrastran. Ellos vienen de entornos difíciles, y al llegar a una familia estable, con orden y cariño, pueden sentirse incluso más desorientados. Por eso, la paciencia y el compromiso son claves.
A lo largo de esta andadura, también descubrimos que las redes sociales podían ser una herramienta poderosa para visibilizar esta realidad. Así nació nuestro perfil: Rocío y el acogimiento familiar. Fue a raíz de varias invitaciones para hablar en directo sobre nuestra experiencia que decidí abrir esta ventana al mundo. Allí comparto tanto los momentos bonitos como los difíciles: las llegadas, las despedidas, los cambios de planes. Siempre desde la sinceridad, mostrando también la cara B del acogimiento, ese “descanso del guerrero” que necesita quien cuida.
Acoger es mucho más que dar un techo. Es ofrecer una mirada amable, una rutina estable, una familia que acompaña. Es una labor profunda, que exige preparación y entrega. Para nosotros, el acogimiento familiar es lo mejor que tiene el sistema de protección. Porque no hay institución ni recurso que sustituya lo que significa crecer en el calor de un hogar.



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